✅ 484 votos, el “apoyo masivo” a Colau para formar gobierno gracias al 155

Nadie duda de que los gobernantes tienen un alto grado de estrés y a lo largo de la historia esto les ha pasado factura a muchos. Sin embargo, más allá de las enfermedades físicas derivadas del estrés, estos políticos también sufren severas enfermedades psíquicas y de personalidad a tal grado que han sido documentadas por el neurocientífico David Owen, exmiembro de la Cámara de Los Comunes de Inglaterra, en su libro “El Poder y la enfermedad”. Él llamó a estos síntomas el Síndrome de Hubris (del griego antiguo “hybris”: ‘insolencia o desmesura’); y en la civilización griega aludía a la falta de control sobre los propios impulsos, en las personas que ostentaban el poder, mostrando superioridad y soberbia. Owen observó cómo el poder perturbaba, incluso al más cuerdo de sus colegas. Estos políticos eran generalmente personas inteligentes y muy capaces; pero que se desviaban de sus objetivos, confundiendo el liderazgo con la prepotencia, lo cual los llevaba a tomar decisiones irresponsables. No toleraban la crítica y todo aquel que la expresaba era considerado enemigo.

Los subordinados, igualmente entraban en ese mundo paralelo, donde solo el gobernante tiene la razón; completándose un círculo vicioso que distorsiona la realidad social. Según muchos investigadores, es difícil detener la tendencia del poder a afectar el cerebro. Por ello “el que manda debe ser tolerante y oír, aunque sean las más duras verdades. Aceptarlas y aprender de ellas”. De todos tenemos algo que aprender.

Cuando un activista contra los desahucios te diga que los bancos son unos estafadores, que el IBEX maneja todo a su conveniencia, que la derecha quiere mantenerse en el poder cueste lo que cueste, que los partidos políticos prometen el cielo y al final no cumplen, o que son capaces de pactar con el diablo para mantenerse en la “poltrona”, o si te dice que es de izquierdas porque la derecha es un brazo oportunista de las grandes empresas, intenta grabarlo, y que quede al menos alguna prueba en vídeo, porque si un día llega a ser un político de renombre, seguramente se olvidará de lo dicho, y hasta los activistas pasarán a ser un problema para él. El poder enferma.

Ada Colau está dispuesta ser investida como alcaldesa con el apoyo de Ciudadanos, aunque en los medios leas “con el apoyo de Valls”, como para no reconocer que Colau se dejará querer por la derecha para mantenerse en el poder, y también con el apoyo del PSC, otro de los socios del 155, esa es la “izquierda progresista”. El exprimer ministro francés dice que prestará sus votos “sin condiciones”, no sea que alguien crea que los políticos pactan “indirectamente” abatir al principal enemigo, el independentismo. La actual alcaldesa en funciones acaba de dar una rueda de prensa donde ha dicho en varias ocasiones que “Valls ha de responder de sus propios actos”, algo así como, si lo que sientes por mi me beneficia en mis objetivos lo acepto, pero ni sueñes con que algún día nos vean juntos…

Vale la pena aclarar que lo que se sometía a consulta no era una pregunta, era más bien una “resolución”, la participación ha sido inferior al 25%, en total han participado 484 de los cerca de 2.000 afiliados y activistas de la formación. 

Para finalizar y volviendo al Síndrome de Hubris unos últimos apuntes, el médico que se cree omnipotente, el maestro que se considera un Sabio y el político que para mantenerse en el poder se salta sus propios principios, no son tan diferentes, Sí, el Síndrome de Hubris le puede ocurrir a los más capaces. A los que tienen excelencia académica. A personas buenas e incluso a los que son humildes. Debemos de estar atentos. Todos, sin excepción, podemos ser presas de ese monstruo llamado PODER, el cual es casi imposible de controlar cuando no se emplea la razón, la cordura ni la calma. Finalmente reflexionemos sobre este antiguo proverbio: una vez terminado el juego de ajedrez, el rey y el peón ¡vuelven a la misma caja!

Leo Coronio

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