Radiografía del estado español | Català Digital


De todas las cosas raras que llevamos oídas en el Tribunal Supremo, hay una que me llamó poderosamente la atención y me sorprende que haya pasado desapercibida. Me refiero a la frase de Soraya Saenz de Santamaría ante el Juez Marchena “no hubo ningún referéndum porqué la Junta electoral central dijo que no lo era”. Puede parecer una frase simplona y sin importancia, pero en mi opinión refleja fielmente la gravísima miopía que ha aquejado a la política española de los últimos doscientos años y explica el porqué España siempre ha llegado tarde y mal a todas partes.


A estas alturas, no hace falta disimular que la modélica Transición española no fue más que un acuerdo entre los que mandaban y “los nuevos”, donde los primeros permitieron el juego democrático a cambio de que los segundos les garantizaran sus puestos y privilegios en las altas estructuras del estado incluyendo Ejército, y que hicieran la vista gorda a sus “pasadas travesuras”. A cambio de ello, podían gobernar España y acceder a su vez a esos suculentos puestos cuando hubiera alguna vacante.


Doña Soraya, el Coronel Pérez de Los Cobos, Rajoy y muchos otros son hijos de esa oligarquía que mandó España a su antojo durante décadas. Nacieron y se educaron en un entorno que les inculcó que la obediencia al sistema trae seguridad y recompensa, y desde muy jóvenes se movieron como pez en el agua en los círculos de poder gracias a las conexiones de sus bien asentados progenitores. El camino natural para la mayoría de ellos fue sacarse una carrera y unas oposiciones, enchufarse en el sistema gracias a los contactos familiares, e ir ascendiendo en el escalafón hasta llegar a sus puestos actuales. Los habrá más o menos inteligentes y algunos serán sin duda brillantes, pero casi todos comparten un perfil muy similar: son burócratas totalmente adoctrinados por el sistema simplemente porque siempre han trabajado para el estado y no conocen otra cosa.


La declaración de Doña Soraya en el TS es un fiel reflejo de esa mentalidad: Si no aparece en el “manual del buen funcionario”, es que no existe, no fue un referéndum porqué la Junta electoral central dijo que no lo era……. y si la autoridad competente dice que los elefantes vuelan, es que realmente vuelan. Del mismo modo, el Coronel Pérez de Los Cobos declaró que no hubo ninguna carga policial simplemente porque su mente “institucionalizada” no veía más allá de una orden judicial y unos ciudadanos que se entrometían. Dio las ordenes pertinentes y se fue a dormir tan tranquilo convencido de haber cumplido con su deber.


Esa mentalidad puede ser muy útil en la burocracia ministerial, pero es el peor enemigo de un político debido a que en vez de ver realidades solo ve leyes, y eso le incapacita para responder con agilidad y acierto a los constantes cambios de la sociedad. El debate entre legalidad y justicia es más viejo que la sopa de cebolla, y el poder político de Madrid está tan obsesionado con hacer cumplir la ley que parecen olvidar que “la ley” la deciden unos señores en un parlamento, y si tienen mayoría absoluta tanto en el Congreso como en el Senado, pueden legislar lo que les dé la gana sin pararse a pensar si lo legal es también justo. No debemos olvidar que muchos dictadores ampararon sus atrocidades bajo un paraguas impecablemente legal, pero incluso democracias tan consolidadas como la de USA cometieron también el error de confundir ley con justicia. He aquí algunos ejemplos:


Ley Volstead, más conocida como la ley seca: eres el propietario de un bar restaurante que sirve vino y cerveza, y por culpa de unos burócratas en Washington, de la noche a la mañana pasas de ser un ciudadano honrado a ser un criminal. Impecablemente legal, pero grotescamente ridículo.
Guerra de Vietnam: eres un joven con toda la vida por delante, y unos burócratas en Washington te obligan a ir a una guerra que te importa tres carajos. Si te niegas, te abren expediente criminal y te meten en la cárcel. Y si obedeces “la ley”, lo más probable es que mueras como un perro en una guerra inútil y absurda mientras los “legisladores” cenan cada noche en casa con sus familias. Impecablemente legal, pero moralmente perverso. En nuestro país abundan también muchos ejemplos, como la infame “Ley Mordaza” o también dos casos que me afectaron personalmente:


El Parlament de Catalunya intentó prohibir las corridas de toros, y un descaradamente manipulado y politizado Tribunal Constitucional impidió con la ley que unos políticos democráticamente elegidos pudieran cumplir con la voluntad del pueblo. Impecablemente legal, pero a día de hoy todavía espero que alguien me razone que diantre tiene que ver la sacrosanta Constitución Española con las corridas de toros.


El Parlament de Catalunya aprobó una ley para combatir la pobreza energética, y el TC la tumbó alegando que el Parlament no tenía competencias para ello. Impecablemente legal, pero abandonó a su suerte a miles de jubilados sin recursos que tuvieron que calentar sus casas con un mechero.


Cuando vivía en Nueva York tuve el privilegio de ser invitado a una cena coloquio con el ex presidente de Colombia Don César Gaviria, conocido por haber declarado la guerra total a Pablo Escobar, y nos dijo algo que ilustra a la perfección la diferencia entre ley y justicia: “Un país puede sobrevivir a hambrunas, epidemias, desastres naturales, etc…….pero no puede sobrevivir sin justicia. Los asesinatos de inocentes, las bombas, el terror me dolían en el alma como ser humano, pero lo que verdaderamente me quitaba el sueño como presidente, es que mi pueblo perdiera la fe en la justícia”. Oficialmente, el proceso a Pablo Escobar siguió escrupulosamente la ley, pero a nadie se le escapa que para capturar a un criminal tan violento al gobierno colombiano no le quedó más remedio que violar muchas de las leyes que había jurado defender. Y al final se dio la paradoja que violar la ley acabó trayendo justicia y Colombia fue definitivamente a mejor.


De ningún modo pretendo que mis palabras se interpreten como que hay que violar la ley, ya que una sociedad sin ley no puede prosperar, pero si quiero que inviten a la reflexión. Creo que el buen gobernante debe valerse de las leyes no para hacer un país mas obediente o mas unido, sinó un país MEJOR.


Y a todos los políticos y miembros de las altas estructuras del estado que tan fielmente obedecéis el “manual del buen funcionario”, y que queréis impedir un referéndum en Catalunya con la muy legal pero igualmente simplona excusa de que “está prohibido”, me gustaría recordaros que las independencias de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Argentina, y demás ex colonias también estaban prohibidas………..y acabaron ocurriendo igualmente. Pero vuestros antecesores fueron demasiado miopes para verlo hasta que fue demasiado tarde, y en pleno siglo XXI, vosotros dais sólidos indicios de sufrir del mismo mal. Por si acaso, un servidor ya se ha pasado del Fairy a un lavavajillas de marca blanca por miedo a que me acuséis formalmente de terrorismo…… con “la ley” en la mano, por supuesto.


Por cierto, estoy a punto de darle al “enter” para enviar este artículo a redacción, y veo con estupor que un guardia civil ha testificado hoy ante el Juez Marchena que no se hizo ningún cordón de seguridad ante la Consellería d’Economía, cuando hay vídeos de móvil que demuestran que está mintiendo. El juez no ha advertido al testigo de la pena por perjurio ni ha permitido que se muestren esos vídeos, pero todo es impecablemente legal. Parafraseando a Bernd Schuster, “no hase falta desir nada mas”.


Si consideras que mi artículo puede ser de interés, te agradeceré que lo compartas. Y si lo quieres criticar, te agradeceré que lo hagas con respeto y usando argumentos sólidos y razonados.


Santiago Recasens.

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