Amarillos: De París a Barcelona

Por Sergio Dantí Mira

El amarillo, color de la mística, de la trascendencia y la espiritualidad, curiosamente unifica los últimos dos grandes movimientos populares de Europa. Así que, pasando frío en París, cual anciano combatiente, trato de reencontrar en las frescas aguas de los “giletes jaunes” (los “chalecos amarillos”) el antiguo frescor de las por ahora estancadas corrientes que bebí en Barcelona con los que hoy han cambiado su enseña de lucha (la “estelada”) por sus “lazos amarillos” para pedir la libertad de sus presos políticos.

HISTORIAS PREVIAS


Los catalanes comenzaron hace años e hicieron cosas mágicas: una cadena humana de dos millones de personas, marchas a Bruselas, una votación contra todas las fuerzas represivas y la inteligencia del Estado Español… Fueron creciendo en decisión con métodos maravillosamente pacíficos, hasta que sus líderes decidieron que no se atrevían a liderar: cuando llegó el momento de la apoteosis triunfal… la montaña parió un ratón. El pueblo se encontró con que sus generales y capitanes abandonaban el campo de batalla y huían o se entregaban. Quedaron los ejércitos rendidos -sin haberse rendido- a las puertas del futuro. No hubo un Lenin. Ni dos medios Lenines.


Los franceses comenzaron casi sin darse cuenta. Un impuesto bruto sobre combustibles, una petición de firmas en internet, unas propuestas en Facebook… y se nos juntaron 280.000 personas en toda Francia, reclamando cosas inéditas: hacer un Referéndum, revisar la Constitución, reestudiar las formas de participación popular, más voz en las decisiones de todo calibre, etc. Autopistas y rotondas cortadas, calles rotas, coches incendiados, pérdidas por 4 millones de €, por ahora 10 muertos y unos mil heridos…


Los dos movimientos amarillos se parecen y se diferencian. Se parecen en su ambición de que “el pueblo” participe más y en el hartazgo de los la opacidad de los políticos. Se diferencian, ante todo, por las respuestas de sus gobiernos: el francés llama a un diálogo (que por supuesto intentará “manejar”) y el español mete a la gente en la cárcel mintiendo, declara todo ilegal, gasta millonadas en miles de policías y basa todo su argumentario en la represión. Europa se lo ha reprochado insistentemente.


Diferencia posible es su carácter de “estallido” Hubo 280.000 franceses que salieron el primer día, en toda Francia y esta semana, mes y medio después, han salido 60.000. Puede hablarse de “estallido” que se va calmando. Los catalanes llevan siete años con millones en la calle (1.800.000 la primera manifestación). No es un “estallido”. Es una ola, una marea. Las manifestaciones, tantos años después, oscilan entre 1,2 y 1,8 millones de personas en un país de 7,5 millones de habitantes. O sea, más del 24% de los habitantes totales. Así que, ante el escándalo mundial por el estallido violento del 0,04% de la población francesa en las calles de París y del país, y el desfile alegre y creativo del 25% de la población de Catalunya en Barcelona y Catalunya, analizamos:

1.- LA VIOLENCIA
Francia: Imágenes de manifestantes quemando y rompiendo y atacando policías en París. Algunos catalanes comienzan a decir: “¿Lo veis? Sin violencia no hay repercusión: El gobierno corre a ofrecer diálogo porque se han atemorizado ante la furia.” (“La violencia es la partera de la historia”… ¿les suena la frase?).
En las siguientes manifestaciones, los franceses se han apartado de los violentos, han descubierto que muchos eran policías infiltrados, y tienen ya su propio servicio de seguridad. Los catalanes lo han sabido desde el principio y hay imágenes épicas de los policías infiltrados pidiendo disculpas por intentar romper vidrieras.


¿Analizamos la funcionalidad de la violencia? Los catalanes han construido un movimiento cuidadosa y conscientemente no-violento. Están en la cárcel o el exilio, acusados de terrorismo, sedición, rebelión y violencia: la gran mayoría de españoles creen que somos violentos y nos vinculan con la ETA, etc. El Rey de España habló con profunda antipatía y reafirmó su derecho divino de posesión sobre los catalanes. Son suyos y tiene un ejército que no vacilará en utilizar para demostrarlo.


Los franceses, furia desenfrenada, posterior intento de corrección, y como respuesta: diálogo. El Presidente francés habló y dijo escuchar y propuso puentes para buscar soluciones.
Entonces: ¿Da más resultado la violencia? No. El punto que marca todo es el talante, espíritu, alma o como quieran llamarle de ambos gobiernos. Uno es un gobierno autoritario, que venció en la Segunda Guerra Mundial, apela a su derecho de conquista y saca a los nazifascistas a las calles. El otro es un gobierno democrático y republicano en el histórico sentido de la palabra.
CONCLUSIÓN: No es la violencia lo que ha provocado la diferencia de respuestas: es el “interpelado”. Un gobierno sin vergüenzas ni límites y otro con una cierta ética que lo obliga. Uno que es constantemente llamado al orden por Europa y el otro que “es” Europa. Pero a lo mejor el problema es que piden cosas muy diferentes. Sigue así el…

2.- ¿QUÉ PIDEN?


Los franceses piden nada menos que cambiar la Constitución y hacer un referéndum. En cambio, los catalanes, también.
Los franceses piden ser consultados, un sistema asambleario y un referéndum, al mismo estilo que los catalanes propusieron redactar su Constitución de la República Catalana: Recopilación de demandas, temas a tratar, asambleas populares en todo el país, conclusiones y votación en referéndum para incluir o cambiar temas en la Constitución.


¿La diferencia es que los catalanes piden la Independencia?. FALSO. No “piden” la Independencia. (La anhelan, eso sí. Y la quieren conquistar por las urnas. NADA MÁS). Piden un referéndum acordado con el Estado Español, como lo han hecho los escoceses o los canadienses. Es legítimo, es justo, es aceptado por muchos gobiernos. Pero esto no lo reconocerá ningún sujeto sometido a la presión de los medios españoles, en un 90% suscritos a la mentira, el espectáculo y el amarillismo (forma de degradar el significado de este místico color: el ABC, tan serio él, ilustra en su primera plana una nota sobre catalanes con un montón de cucarachas). Ni lo sabrá, ni lo sospechará. Les han enseñado que lo que quieren es “romper España”.


Los franceses piden también rever el tema de la democracia representativa: están buscando encontrar otro sistema que no sea éste –o que sea éste mejorado- para que las personas “del pueblo” puedan tener más peso en lo que se decide. Puedan discutir más cosas. Esto estaba parcialmente recogido por los catalanes, y parte de la ilusión era imaginar una República con un sistema enormemente más justo y donde la decisión fuera “lo más asamblearia posible”. Es cierto que hay muchos temas para los que se requiere mucho conocimiento para decidir. Pero también es cierto que para decidir sobre un territorio o una gente, se requiere informarles profundamente y permitir que ellos tengan voz y voto. Esto no lo piden todos los catalanes, pero me temo que, tras la actuación de los partidos políticos, van a pasar a pedirlo. Yo, al menos, lo haré.

3.- LA FRECUENCIA


Les gilets jaunes comenzaron con un llamado de cuatro días continuados de manifestaciones: 2 muertos, 530 heridos, 4 millones de pérdidas. Imágenes de destrucción. Luego, cada sábado han ido manifestándose. Las cifras de participación han ido bajando: han pasado de los 280.000 a 60.000 esta penúltima semana del mes de enero. Pero de los cuatro días primeros y los tres sábados subsiguientes, se hizo mucho escándalo. (Los titulares eran: “20.000 policías preparados”, negocios tapando sus vidrieras, etc…) El movimiento poderoso se desinfla, pero en lo inmediato ha conseguido su propósito: habrá diálogo y todos los políticos están pensando en soluciones.


En Catalunya las manifestaciones anuales del 11-S siguen –año tras año, sin bajar del 20% DE TODA LA POBLCIÓN DE CATALUNYA. Es bestial. Pero no son semanales. El efecto de la periodicidad breve no es despreciable. Implica angustia en el Poder para dar una respuesta. ¿Podrían los catalanes imitarlo?


El famoso “tancament de país” se realizó pero con problemas pues se advertía claramente que se perjudicaba a la gente, y los catalanes temieron ser incomprendidos. Querrían hacer algo que moleste al poder sin molestar a los ciudadanos. En Francia se cortan las rotondas y autopistas, sin problemas. En Catalunya, se les procesa por terrorismo.
Una nueva puesta a prueba será la de los juicios. Si el resultado es el dictado por los políticos nazifranquistas que han armado todo este despelote, la resistencia catalana –creo- pasará a la acción. En este caso sí que pienso que aumentará en mucho la frecuencia de acciones. Veremos qué se consigue: nos auguran que la ocupación militar.

COMO RESUMEN PARCIAL


La violencia en sí no puede ser la “partera de la Historia”. O no debería. En este caso, los más débiles (catalanes) tienen la razón. Los más poderosos, tienen la fuerza y la justicia. Difícil situación. La soberbia colonialista de la derecha y el centro españoles acrecentará, como ya lo ha hecho, el sentimiento de injusticia en Catalunya. La izquierda está -¿a quién le extraña?- dividida. Hay una izquierda nacionalista española y otra que aplica el internacionalismo basándose en las posibilidades de evolución social y ve con simpatía a los catalanes. Es evidente que una República Catalana dará mucho más apoyo a una futura República Española y a todos los movimientos que intenten aplacar las bestias fuerzas de derecha. Y, curiosamente, las izquierdas que asimilen el mensaje colonialista del nacionalismo español, darán pie al crecimiento del nazifranquismo en España. Ya lo están haciendo. Porque es desde ellas que surgen muchos de los votantes de VOX.


No sabemos cómo acabará la lucha amarilla en Francia. Me imagino que en conversaciones, diálogos, debates y poca cosa más. El sistema en sí no va a cambiar. Cambiarán algunos impuestos durante un tiempo y se especializarán cada vez más los debates hasta que la gente pierda interés en ellos. Finalmente, los especialistas se pondrán de acuerdo en no tocar la base del sistema: el Poder reside en el Capital, y solo lo desplazará otro Capital. Los Chalecos Amarillos ya han creado un partido político para tener voz en Europa. Los que no fueron los primeros en hacerlo, ya se resienten y acusan a los otros de oportunistas. Seguirá…


La lucha amarilla en Catalunya es aún más impredecible. La lógica de poderes sería que se dieran algunas concesiones –quizás de cierta relevancia, no como la ridiculez insultante de cambiar el nombre del aeropuerto- y la gente volviera a su sentimiento de ser una colonia con alta autoestima, motor de la economía y la cultura, y dejar que las garrapatas continúen sobre su lomo, molestando lo menos posible. O… que se consideren las lecciones actuales, se mantenga el poder político y se reestructure la relación con las asociaciones de ciudadanos, se expulse a los partidos –si es posible- y se llegue a un sistema de decisiones asamblearias territoriales. Y se plantee una hoja de ruta realizable y un Estado Mayor para guiar el movimiento republicano. ¿Difícil?

Sergio Dantí Mira

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