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📝 La calabaza, el traje amarillo y la reina

📝 La calabaza, el traje amarillo y la reina
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Eran las nueve de la mañana, la reina estaba escribiendo cuentos para sus súbditos y el rey negociaba acuerdos bilaterales con grandes proveedores de combustible fósil. Ambos conocían la existencia del parlamento y hubiesen podido ayudar a solucionar el embrollo que existía entre los distintos territorios; el problema era simple, algunos territorios querían votar en elecciones libres para pedir la independencia, esto es, la formación de un nuevo país a partir del deseo de sus ciudadanos, algo perfectamente normal en cualquier democracia republicana o monárquica, pero no en el Reino Único.

En el mundo del Reino Único, donde se alojaba la idea del nunca jamás, y la idea del porqué no, se había decidido abrir un parlamento para dialogar entre los representantes de los diferentes territorios de todo el dominio con el fin de solucionar problemas territoriales. Se presentaron al congreso personajes variopintos que acudieron ataviados con un estandarte real imprescindible para asistir al parlamento -una cartera de piel de becerro con una pequeña tela rojigualda obligatoria-

Les caracterizaba a todos su afición grupal. Eran amigos de unos pocos y enemigos del resto, los primeros en llegar, vinieron enfadados con sus caballos, y pateaban el suelo cada vez que se expresaban congresistas que les desagraban. Era comprensible que fuesen ruidosos, ya que se habían criado en ambientes revoltosos, torturas de toros, caballos y espadas, así como plazas repletas de gente gritando… No sabían demasiado como comportarse educadamente en un parlamento. Los de las coletas sonrientes iban unidos de la mano con los más “guaperas” del hemiciclo, participaban en anuncios de la “tele” y el mundo coincidía en que eran los adonis del hemiciclo. Llegaron los del traje a rayas amarillas, y hablaban en un idioma diferente al del Reino Único. Aparecieron los enfadados azules con sus amigos, los agriados naranjas que quisieron que los del traje de rayas no dialogaran con nadie. Y por el poder que Dios les concedió devolvieron a los presos a la celda. Los enfadados y las agriadas lucían un look casual de cabello engominado y enlacado que no lo parecía, combinado con trajes italianos de máxima calidad, una indumentaria Top Ten para representar al pueblo llano. Era remarcable que enfadados y agriadas gastaban mirada huidiza y esquiva porque no confiaban en nadie, de hecho, se había descubierto recientemente que no confiaban ni siquiera en ellos mismos.

Decían los engominados, los enfadados, las agriadas y los guapos que votar en Referéndum era un delito igual a asaltar el congreso con pistolas y tanques, decían los del traje italiano que llevar una papeleta en la mano y meterla en una urna era igual que arrodillar al congreso de los diputados a base de balazos y pistolas. ¿Os acordáis? es aquello que hizo un militar… Tejero, creo que era su nombre. Y cuando entró en el congreso dejó el caballo fuera. Bueno, el tanque.

Que pena sentían los Reinos Unidos ante esos políticos de brillantina. No tenían edad para haber sufrido un holocausto nazi, ni siquiera un triste fusilamiento franquista… Tampoco habían vivido la entrada a balazos de Tejero en las cortes, poniendo a todos los congresistas a morder el polvo.

Sin saber “qué” era un golpe de estado hablaban de ello como si lo hubiesen vivido en primera persona. Porque los de la gomina y la laca nunca habían vivido en democracia republicana, tampoco una democracia sin monarquía, así a secas, era por ello que sólo admitían como gobierno la autocracia. No permitían hablar a nadie si no tenía sus ideas, y fue por ello, por lo que vistieron a los congresistas de otros territorios con un traje amarillo rayado y cuando se les replicaba agitaban las botas y las espuelas pegando taconazos, aún habiendo aparcado el caballo en doble fila.

Para la reina que había dedicado su vida a escribir cuentos, y para el Rey, que había dedicado la suya a negocietes varios, aquel fue un día más. Pero sería un día trascendental para el Reino Único, porque en los Reinos Unidos existían demasiadas leyes de obligado cumplimiento para todos los ciudadanos que estaban siendo pisoteadas. De hecho, la reina Británica permitió a los súbditos escoceses votar para liberarse, pero como escribir cuentos y negociar precios de combustibles fósiles era una tarea ardua y enrevesada. Los reyes decidieron que los súbditos se las apañasen sólos en el parlamento.

Y mira que algunas leyes eran muy serias, como por ejemplo, que no se puede torturar ni trocear a un periodista, o que estás obligado a permitir el sufragio universal, y a proteger los Derechos Humanos o que debes permitir hablar en el parlamento a todo el mundo sin discriminación por nacionalidad, sexo, credo, religión, discapacidad, ideología… O la ley de la libertad de expresión, y de reunión, y de manifestación, y, son tan serias estas leyes que por su incumplimiento podías ser expulsado de los Reinos Unidos. Y estaba prohibido vestir a un congresista de rayas amarillas por su ideología. Mucho menos a cuatro. Los Reinos Unidos expulsarían al Reino Único de su asociación de reinos casi con toda seguridad.

Había una reina, la más acaudalada del planeta tierra, que había tenido montones de territorios, una de sus posesiones llamada Escocia quería mucho a la reina, pero no a su parlamento, así que, disconforme con su política exigió la independencia de su pequeño país, y el parlamento les permitió poner urnas y decidir su futuro votando. Se trataba de un acto civilizado. En los Reinos Unidos, ya todo se organizaba civilizadamente. Y fue esta reina para siempre jamás, una mujer muy querida y apreciada por su pueblo. El caso de la República gala fue algo parecido, deseaban los habitantes de Nueva Caledonia decidir si querían pertenecer o no a la Galia. Y también lo acordaron votando. Todos en la República Francesa amaban brutalmente a su gobierno porque era transigente, tolerante y moderado.

Así que, un día a las nueve de la mañana en el Reino Único, la reina se puso a escribir un cuento, y mientras deseaba que su marido el Rey estuviese más horas con ella y menos horas negociando, se le apareció una hada madrina con un precioso vestido del color del sol, le dio un toquecito con una varita mágica y convirtió a la reina en una calabaza. El hada madrina y la Reina se saludaron: ”Guten Morgen” ý traduzco para los que no conozcáis el idioma, “Concede el derecho de autodeterminación a los territorios del Reino Único que lo soliciten” y tras unas conversaciones íntimas entre hada madrina y reina que no me parece apropiado transcribir, por respetar sus intimidades, el hada desapareció por el armario de la cocina y la reina pudo terminar su cuento.

Por la noche Los Reyes se tomaron un vino, la reina explicó su mágico encuentro al rey que sugirió un encuentro con la guapa Presidenta del parlamento, luego se pusieron de acuerdo e hicieron efectiva una ley que permitía el derecho a la autodeterminación de los pueblos siguiendo los Pactos Internacionales de los derechos humanos. Y esos reyes del Reino Único, también fueron jaleados y aplaudidos por todo el planeta.

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