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El prestigioso “The Economist” describe el “sectarismo” Albert Rivera

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El prestigioso “The Economist” describe el “sectarismo” Albert Rivera
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Seg√ļn “The Economist”, los dirigentes espa√Īoles de derecha est√°n verdes

Albert Rivera, l√≠der de Ciudadanos, hasta no hace mucho tiempo recib√≠a por parte del prestigioso  The Economist, alg√ļn art√≠culo favorable a sus discursos, pero las cosas se le han girado al l√≠der de la formaci√≥n naranja.

En su √ļltimo editorial, titulado “Espa√Īa necesita un pacto de los sobrios”, el prestigioso peri√≥dico econ√≥mico menciona la dificultad de la derecha espa√Īola para solucionar el conflicto.

Texto √ćntegro del art√≠culo :

Espa√Īa necesita un pacto de “Sobrios”

Para frustrar un partido populista resurgente, los moderados espa√Īoles deber√≠an hacer causa com√ļn

Mirado desde fuera, parece que a Espa√Īa le va bastante bien. su recuperaci√≥n econ√≥mica de la crisis del euro contin√ļa, aunque a un ritmo m√°s lento que en el pasado. El desempleo, aunque sigue siendo alto, se ha reducido a casi la mitad de su pico. Bares y restaurantes llenos de turistas y de espa√Īoles que nuevamente tienen dinero para gastar. A pesar de eso, el pa√≠s acaba de ser proclamado el m√°s saludable del mundo. Sin embargo, a medida que la campa√Īa se pone en marcha para unas tercera elecci√≥nes generales en poco m√°s de tres a√Īos, el 28 de abril, las tensiones subyacentes de Espa√Īa deber√≠an preocupar e incluso alarmar a los votantes.

La primera preocupaci√≥n involucra a Catalu√Īa y las r√©plicas del impulso inconstitucional para la independencia en 2017. Esto se contuvo, en parte por una imposici√≥n judicial. Una docena de l√≠deres separatistas, nueve de los cuales llevan en la c√°rcel hasta 16 meses, ahora est√°n siendo juzgados en la Corte Suprema por cargos potencialmente punibles con largas penas de prisi√≥n. El juicio ha reforzado las lealtades tribales. Las encuestas sugieren que unos 2 millones de catalanes todav√≠a quieren salir de Espa√Īa. Para muchos otros catalanes y espa√Īoles, las acciones de los separatistas constitu√≠an un intento de golpe de Estado que representaba una amenaza mortal para su pa√≠s. El nacionalismo catal√°n ha revivido as√≠ su equivalente en espa√Īol, en gran parte inactivo desde la transici√≥n a la democracia en los a√Īos setenta.

La peor muestra de esto, y la segunda preocupaci√≥n, es Vox, un partido ultra conservador que antes era insignificante y que carg√≥ contra el separatismo catal√°n y la inmigraci√≥n ilegal para ganar el 11% de los votos en una elecci√≥n regional en Andaluc√≠a en diciembre. Las encuestas sugieren un “triunfo” similar a nivel nacional en abril. Nacionalista y desde√Īoso de los derechos de los homosexuales y las mujeres, un poco como el gobernante “Partido de la Ley y la Justicia” en Polonia, Vox ha llevado consigo a la corriente principal del Partido Popular conservador (PP) y a Ciudadanos, un conjunto ostensiblemente liberal, a la derecha. Tanto Pablo Casado, el nuevo l√≠der del PP, como Albert Rivera, de Ciudadanos, amenazan con imponer un gobierno directo sobre Catalu√Īa, lo que probablemente aumentar√° el apoyo a la independencia. Han formado un gobierno de coalici√≥n en Andaluc√≠a que depende del apoyo de Vox.

Vox tambi√©n es una muestra de una tercera preocupaci√≥n: la creciente fragmentaci√≥n de lo que era un sistema estable de dos partes. Es casi inevitable que Espa√Īa se dirija a un tercer parlamento consecutivo colgado. El problema es que el pa√≠s todav√≠a necesita una administraci√≥n fuerte y reformista. Poco se ha logrado desde que el PP perdi√≥ su mayor√≠a absoluta en 2015. Para sostener el crecimiento econ√≥mico y el progreso social, Espa√Īa necesita reformar la educaci√≥n, la capacitaci√≥n y el estado del bienestar. Una vez que finaliza el juicio catal√°n, los espa√Īoles tambi√©n deben replantearse el escandaloso problema de c√≥mo se debe dividir el poder entre el centro y las regiones.

Estos problemas pondr√≠an a prueba incluso a estadistas experimentados. Pero todos los principales l√≠deres pol√≠ticos son j√≥venes y relativamente est√°n verdes. Aunque Pedro S√°nchez, el primer ministro socialista desde junio, al menos ha tratado de aliviar las tensiones en Catalu√Īa. Sin embargo, eso provoc√≥ aullidos de indignaci√≥n a la derecha y, en √ļltima instancia, ayud√≥ a derrocar a su gobierno.

La mayor preocupaci√≥n es que los tres partidos m√°s grandes, y especialmente el PP y Ciudadanos, est√°n gastando m√°s energ√≠a en pelearse entre ellos que en enfrentar los problemas de Espa√Īa. La emoci√≥n y el c√°lculo electoral a corto plazo est√°n frenando el inter√©s nacional. Dado que el PP todav√≠a se est√° reconstruyendo despu√©s de un largo per√≠odo en el Gobierno, la mejor esperanza de reforma de Espa√Īa reside en una coalici√≥n entre los socialistas y los votantes de Ciudadanos. Es preocupante que, al comenzar la campa√Īa, el se√Īor Rivera lo descart√≥. Si se demuestra que los n√ļmeros no se suman a la coalici√≥n de centro-derecha de estilo andaluz que el Sr. Rivera anhela, su sectarismo corre el riesgo de una par√°lisis pol√≠tica prolongada en Espa√Īa. Y si realmente cree que el se√Īor S√°nchez es una amenaza m√°s grande para la democracia espa√Īola que Vox, deber√≠a pens√°rselo de nuevo. El sue√Īo de la raz√≥n, como se√Īal√≥ una vez un artista espa√Īol, genera monstruos.

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