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Italia entra en recesión, malas noticias para España, ECONOMIA

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IB de la Bolsa de Milán caía un 0,68 % a las 13.54 horas locales (12.54 GMT), hasta situarse en los 19.636,44 puntos. Consciente la mala noticia que el número iba a suponer, el primer ministro italiano intentó ya justificar ayer estas pésimas cifras, argumentando que en ningún caso era responsabilidad de su Administración, sino de gestiones anteriores y de factores coyunturales que están demostrando que la economía global está perdiendo fuelle.

Citó a Alemania, que ha rebajado sus previsiones de crecimiento para 2019 al 1 % del PIB, frente al 1,8 % anteriormente estimado; o China, que está experimentando una desaceleración económica. Ninguno de los anteriores países tiene, por el momento, un PIB negativo y la falta de crecimiento en Italia se une a una serie de factores preocupantes, empezando por la delicada situación de su sistema bancario.

Y es que los bancos italianos son los principales tenedores de bonos del Tesoro, pues poseen alrededor del 20 % de la elevada deuda del país, que supera el 130 % del PIB y que en noviembre de 2018 era de 2.345.300 millones. En este contexto, los inversores miran desde principios de año con atención a Banca Carige, que está intervenida por el Banco Central Europeo (BCE), después de que no consiguiera aprobar una ampliación de capital de 400 millones de euros y una emisión de bonos.

Los gestores de Carige trabajan actualmente para elaborar un plan industrial y reducir la cartera de créditos deteriorados, y su objetivo es “disponer de un ratio de exposiciones dudosas (NPE) de entre un 5 % y un 10 %” a finales de 2019. Además, el BCE también advirtió recientemente de la débil posición de capital del banco Monte dei Paschi di Siena, recapitalizado cautelarmente en 2017, y mostró dudas sobre su capacidad para lograr los resultados del plan de reestructuración.

El ministro de Economía, Giovanni Tria, ha tratado en los últimos días de transmitir confianza a los mercados, asegurando que el sistema bancario italiano es sólido y que solo hay algunos problemas con “una o dos entidades pequeñas o medianas” que se van a solucionar. Paralelamente, este jueves se conoció que la tasa de desempleo bajó en Italia hasta el 10,3 % en diciembre, 0,2 puntos porcentuales menos respecto a noviembre, pero el paro juvenil sigue siendo elevado y la tasa se alzó hasta el 31,9 %, es decir, 0,1 puntos porcentuales más frente a noviembre.

El Gobierno confía en que la economía recupere impulso con las medidas incluidas en los Presupuestos Generales y que van a implementar a partir de marzo, como el subsidio al desempleo o la reforma del sistema de pensiones, con las que pretenden renovar el mercado laboral y se fomentar el consumo. Las dos formaciones que lideran el país, el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga, estiman un crecimiento del 1 % para 2019, mientras que organismos como el Banco de Italia o el Fondo Monetario Internacional (FMI) vaticinan que lo hará solo un 0,6 %.

El presidente de la patronal italiana, Vincenzo Boccia, urgió al Ejecutivo a“reaccionar cuanto antes” para compensar la ralentización de la economía global y de Italia, mientras que la secretaria general del sindicato Cisl, Annamaria Furlan, opinó que “el dato del PIB es preocupante y pone en riesgo el nivel de ocupación”.

La economía italiana no es la única que estaba en el punto de mira de la Unión Europea, España de momento no tiene siquiera los presupuestos aprobados, y hace unos días se hacía pública una visita del FMI para analizar los presupuestos presentados por el presidente español Pedro Sánchez, el resultado de la visita fue avisar que los presupuestos están en el punto de mira de los expertos, por su optimismo tanto en sus previsiones de recaudación de impuestos como de cotizaciones sociales, con lo que ello implica en riesgos de incumplimiento de los objetivos de déficit.

Con este panorama sobre la mesa, la economía española podría también caer en la misma suerte que la italiana de no aprobarse los presupuestos o de aprobarse pero no cumplirlos como diagnostica el FMI.

Los bancos centrales apenas tienen margen para seguir actuando, ya que durante la crisis han desplegado toda su batería de estímulos que apenas han comenzado a retirar (el BCE no comprará más deuda española). La consecuencia es que ya quedan pocos instrumentos para combatir una crisis de crédito, lo que podría agravar la situación.

Solo hace falta que salte una chispa, que pueden ser los salarios, la vivienda u otros activos, para que los agentes económicos empiecen a temer una subida de precios y finalmente se produzca una nueva reseción mundial, en donde las economías más vulnerables saldrían peor paradas.. 

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