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Durísimo artículo de “Le Monde” contra Casado y Rivera: Deberán dar explicaciones a Europa si negocian con VOX

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El prestigioso diario francés Le Monde ha publicado este martes un duro editorial que supone una seria advertencia a los líderes del PP y de Ciudadanos, Pablo Casado y Albert Rivera respectivamente, por su papel ante la irrupción de Vox en Andalucía.

El rotativo francés lamenta que España se ha convertido en un país ‘normal’ dentro de la Unión Europea y eso es una mala noticia porque, hasta ahora, “parecía inmune a la extrema derecha debido a su pasado franquista”. “Cuarenta y tres años después de la muerte de Franco y el retorno de la democracia, la excepción ha terminado”, zanja Le Monde.

El diario subraya que Vox hizo el domingo un “sensacional debut” en el Parlamento andaluz. Este periódico informa de que este partido de extrema derecha fue fundado en 2013 por miembros del PP que consideraron que el partido de Mariano Rajoy era “demasiado tibio”.

Le Monde explica que Vox defiende, entre otras cosas, la supresión de la autonomía catalana, la prohibición de los partidos independentistas, recuperar Gibraltar y construir un muro en Ceuta y Melilla. Además, destaca, se opone a las leyes que “sancionan el machismo violento” y las que permiten el matrimonio homosexual o el aborto.

La Derrota de Susana Díaz

El periódico admite que “la derrota de Susana Díaz” es un mal augurio para Pedro Sánchez, cuyo Gobierno está en minoría. Mientas, dice que el PP parece estar dispuesto a sellar un acuerdo para formar gobierno con la formación “anti-inmigración, anti-feminista y euroescéptica”.

Y es aquí cuando llega la parte más dura del editorial. Le Monde reconoce que durante mucho tiempo el PP ha logrado reunir un amplio espectro de la derecha, desde el centro hasta los nostálgicos del franquismo, lo que ha servido para evitar que hasta ahora haya surgido un discurso público xenófobo en España. “Desviarse de esta línea es peligroso”, advierte.

Le Monde subraya que la alternancia política en Andalucía no debe pasar en ningún caso por la banalización de la extrema derecha y menos aún en forma de adherencia a su programa. “Pero las recientes posturas del joven presidente del PP, Pablo Casado, mezclando inmigración y delincuencia, parecen ser testigos de un punto de inflexión que, lejos de debilitar a Vox, corre el riesgo de justificar y normalizar su discurso”.

Ciudadanos también recibe una advertencia de Le Monde. “En cuanto al partido liberal Ciudadanos, si está listo para gobernar con un partido con ideas contrarias a los valores europeos, deberá explicárselo a sus socios continentales, con los que negocia para las elecciones europeas de mayo de 2019”, finaliza.

Texto íntegro del artículo a “Le Monde”

España se ha convertido en un país “normal” en la Unión Europea y eso es una mala noticia. Este país apenas se recuperó de una severa crisis económica, enfrentando el desempleo masivo, el aumento de las desigualdades y los flujos migratorios, parecía inmune a la extrema derecha, debido a su pasado franquista. Cuarenta y tres años después de la muerte de Franco y el retorno de la democracia, la excepción ha terminado. El domingo 2 de diciembre, el partido Vox hizo un “sensacional” debut en el Parlamento andaluz, al elegir a doce diputados regionales, con el 11% de los votos, contra el 0,5% tres años antes.

El grupo de extrema derecha, fundado en 2013 por ex activistas del Partido Popular (PP) que consideraron que el partido luego dirigido por el ex primer ministro Mariano Rajoy era demasiado tibio, VOX defiende la supresión de la autonomía regional catalana y la prohibición de los partidos de independencia como preludio al restablecimiento de un estado centralizado. Vox también exige tomar Gibraltar, un territorio británico sacudido por Brexit, y construir un muro entre las ciudades de Ceuta y Melilla y Marruecos, para bloquear la llegada de inmigrantes. Este último se ha reanudado este año, convirtiendo a España en la principal puerta de entrada a la Unión Europea.

Antiinmigración, antifeminista y euroescéptica.

La formación también se opone a las leyes que sancionan el machismo violento, que según VOX “criminaliza a los hombres” y a aquellos que, desde la memoria histórica, exigen condenar al franquismo, así como aquellas que permiten el matrimonio homosexual o aborto. Finalmente, defiende importantes recortes de impuestos financiados por una reducción “radical” en el número de funcionarios.

Frente a este avance sin precedentes, la derrota de Susana Díaz en el bastión andaluz de la izquierda augura la mala suerte del éxito del Primer Ministro socialista español, Pedro Sánchez, cuyo gobierno es una minoría en el Parlamento, seis meses después de presionar a M. Rajoy renunció en la primavera. Su partido solicitó en vano, el lunes 3 de diciembre, formar un “dique de contención” entre los “partidos constitucionalistas” y la extrema derecha.

Por el contrario, el PP parece estar dispuesto a sellar un acuerdo para formar el gobierno regional andaluz con esta formación anti-inmigración, anti-feminista y euroescéptica. Es cierto que, después de treinta y seis años de gobierno socialista casi ininterrumpidos en la región y mientras que Andalucía se está quedando a la zaga de España y Europa, con una tasa de desempleo récord del 21%, es evidente que existe una alternancia política. Buscada por los votantes.

Riesgo de estandarización

Durante mucho tiempo, el PP ha logrado reunir un votantes que van desde el centro hasta “los nostálgicos” del régimen franquista, que se ha ganado muchos críticos, pero ha tenido el mérito de evitar hasta ahora que haya surgido un discurso público xenófobo en España. Desviarse de esta línea es peligroso. En cuanto al partido liberal Ciudadanos, si está listo para gobernar con un partido con ideas contrarias a los valores europeos, deberá explicárselo a sus socios continentales, con los que negocia para las elecciones europeas de mayo. 2019.

La alternancia política en Andalucía no debe pasar por la banalización de la extrema derecha. Menos aún por una forma de adherencia a su programa. Pero las recientes posturas del joven presidente del PP, Pablo Casado, combinando inmigración y delincuencia, parecen ser testigos de un punto de inflexión que, al no debilitar a Vox, corre el riesgo de justificar y normalizar su discurso.

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