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Bolsa de perversiones

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La bolsa se ha transformado en un sistema perverso que destruye los valores sociales.

Por Sergio Dantí Mira

La idea primigenia era: una empresa necesita dinero. La gente que cree en ella compra pequeñas participaciones de la misma, se hace dueña de un pequeñísimo porcentaje de acciones, a cambio de participar en beneficios cuando los haya. Las empresas que dan más beneficios, crecen más rápido, pues los inversores tienden a comprarles sus acciones. Pero, dentro de un orden, los pequeños accionistas son propietarios, tenedores de acciones que apuestan por una empresa a la que conocen y siguen, como a su club de fútbol.
Y la empresa, obtiene su capitalización.

La realidad actual: Son inmensas sociedades enormemente capitalizadas que compran y venden en segundos, por internet. No dejan dinero a las empresas, simplemente especulan, juegan. No las ayudan: las condicionan. Les proporcionan un capital flotante, que las empresas apenas si podrán emplear, pues varía de valoración en segundos. Los inmensos capitales cada vez más grandes que juegan en la bolsa, simplemente entran y salen en minutos, haciendo beneficios enormes, pues como mueven millones, pueden generar inmensos ingresos sin haber producido nada. Simplemente, se los quitan a la gente que ha entrado sola, con su pequeño capital, y han lo perdido. Rebañan el plato (rebañar viene del latín rapinare, quitar) de la clase media. Y los poderosos cada vez serán más y más poderosos.

¿Dónde está la perversión ética?

Una empresa siempre atraerá más a los inversores cuantos más beneficios consiga. No atraerá inversores de todo el mundo por internet o inmensos y monstruosos capitales en las bolsas del mundo, si dice que quiere limitar sus beneficios y hacer una política sostenible y humana. Los capitales de todos y cada uno de los ahorradores, irán a las otras empresas, que juegan, arriesgan y no contemplan el aspecto ético de sus negocios. O sea que, cada una de las personas que ahorran, entre tener un 2% o un 10% de beneficios, se tirarán a lo segundo…

Un gestor de empresa que no intente un incremento en los beneficios, conseguirá que sus accionistas se retiren y la empresa se reduzca, pierda dinero. Por consiguiente, la rentabilidad es lo único que los accionistas bursátiles exigen a una empresa. Y el ejecutivo que no lo comprenda, desaparecerá de sus nóminas. Aunque intente o proponga un trabajo ético, beneficioso para la sociedad, la gente o la naturaleza.

Por ello, la Bolsa es un organismo esencialmente perverso, y no debe de existir, puesto que vive de la deformante idea de que el dinero ha de servir para hacer más dinero, y propaga esta idea y la inocula en las mentes de las personas que a ella se acercan. Crea más desigualdades y acumula la riqueza en manos de los que profesan y difunden un credo inmoral, dándoles más poder para determinar nuestras vidas. Si se obligara –por ejemplo- a mantener las acciones sin venderlas durante un tiempo mínimo (un mes, tres meses…) volvería a cumplir su función primigenia, y no sería tan solo una fábrica de parásitos adinerados.

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