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Duro informe de Intermón Oxfam sobre España: Un país hecho a medida de los ricos

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El Foro Económico Mundial reúne una vez más a las élites económicas
y políticas en Davos, una pequeña localidad en los Alpes suizos,
para debatir sobre los grandes retos a los que se enfrentará el
mundo en este próximo año. El tema elegido para esta edición es
Responsive and Responsible Leadership, que podría traducirse
como: “Liderazgo responsable y receptivo”. El eje sobre el que girarán
las grandes discusiones parece mejor elegido que nunca.

Nos encontramos en un momento crucial que requiere reformas
rompedoras. Es hora de responder a la voz de una ciudadanía
mundial enojada, que frente a problemas de fondo que siguen sin
resolverse, empieza ya a optar por soluciones extremas.
La crisis de la desigualdad sigue en juego. Somos una sociedad
global en la que tan sólo 8 personas tienen tanto como la mitad
del mundo, 3.600 millones. “Una economía para el 99%”, el nuevo
informe de Oxfam, refleja cómo la súper concentración de riqueza
en el mundo se ha agudizado en este último año, amenazando la
estabilidad y el crecimiento mundial.

España, que se aferra a los últimos años de crecimiento econó-
mico como un síntoma del cambio de ciclo, tampoco logra curar
las profundas heridas y necesidades surgidas tras años de crisis.
En este análisis específico que producimos sobre España, complementario
al informe global de Oxfam, diseccionamos algunos
datos clave sobre la realidad de la desigualdad en España,
para profundizar en las raíces de un modelo que retroalimenta la
crisis de desigualdad.

La España de las dos realidades

España es un país de dos realidades. Desde 2014 crece el PIB, pero
los resultados de esta reactivación económica solo parecen beneficiar
a una minoría mientras que la desigualdad se cronifica e
intensifica. En la última década, el índice de Gini en España no ha dejado de empeorar y la situación actual de las familias y las
personas más golpeadas por la crisis contradice el optimismo
en torno a los principales datos macroeconómicos. La realidad
es que España sigue siendo el segundo país de la Unión Europea
donde más ha crecido la desigualdad desde que estalló la crisis,
y donde esta ha seguido aumentando a pesar de los últimos años
de crecimiento económico.

Este continuo aumento de la desigualdad se debe a una concentración
de la riqueza en menos manos, a la vez que se produce un
deterioro de la situación de las personas más vulnerables. En el
último año, hay 7.000 nuevos millonarios en España, y la fortuna
de tan sólo 3 personas equivale ya a la riqueza del 30% más pobre
del país, es decir, de 14,2 millones de personas. Mientras en
2015 este 30% más pobre vio reducida su riqueza en más de una
tercera parte (-33,4%), la fortuna de las tres personas más ricas
del país aumentó un 3%.

Son años seguidos de crecimiento económico en España
y también de recuperación de los beneficios empresariales,
aunque tan sólo los altos directivos y la retribución de
los dividendos para los accionistas parecen sacarle provecho. La
brecha de ingresos se ha profundizado en España al tiempo que
los salarios más bajos se han desplomado desde el principio de la
crisis. Entre 2008 y 2017, los salarios más bajos cayeron un 28%
mientras los más altos apenas se contrajeron. En 2015 llegamos
a un nivel en el que la remuneración del ejecutivo con el salario
más elevado multiplicaba por 96 la del trabajador promedio
en las empresas del Ibex 35, y por 51 en el total de las empresas
cotizadas. Mientras los beneficios de las grandes empresas han
recuperado los niveles anteriores a la crisis, una de cada cinco
personas en edad de trabajar no encuentra empleo. Y quienes lo
encuentran, lo hacen en condiciones de alta precariedad mientras
los salarios siguen 9 puntos por debajo de los niveles alcanzados
en 2008.

Sistema Fiscal Incumplidor

Lo que hace demoledora esta situación es que se amplifica por
el efecto de un sistema fiscal que tampoco cumple con su misión
redistributiva. Somos uno de los países europeos con menor
capacidad para reducir las desigualdades a través del sistema
fiscal, tan solo por detrás de Letonia, Bulgaria, Estonia y Lituania.

Las recientes oleadas de reformas legislativas siguen sin reconducir
la regresividad histórica de nuestro sistema tributario ni
apuntalar la capacidad recaudatoria que puede blindar la inversión
en políticas sociales. Además, son las familias las que todavía
soportan la mayor parte del peso tributario, aportando un 84%
de la recaudación frente a un 13% de las empresas.
La falta de voluntad política para acabar con los paraísos fiscales
y otras prácticas fiscales agresivas empleadas por las grandes
empresas continúan dejando un agujero en los ingresos del
Estado que ahonda la desigualdad de mercado. España dejó de
ingresar aproximadamente 1.550 millones de € como resultado de
la actividad canalizada a través de los 15 paraísos fiscales más
agresivos del mundo. Una cantidad que equivaldría al 58% del
déficit que se estima tendrá el fondo de reserva de las pensiones
en 2017, o que incluso supera el maltrecho presupuesto de
Cooperación para el Desarrollo durante este último año. Al mismo
tiempo, la inversión en Educación se ha reducido en un 30% desde
2010, y las familias se han visto obligadas a compensar esta
menor inversión con un gasto mayor del dinero que aportan de su
bolsillo: un 37,2% más.
Acabar con esta crisis de desigualdad extrema requiere un giro
definitivo hacia una economía más justa. Es hora de plantear los
fundamentos de una alternativa, una economía para la mayoría,
una economía más humana y justa que ponga por delante a las
personas, especialmente a las más vulnerables.

DE UNA ECONOMÍA AL SERVICIO DEL 1% A UNA ECONOMÍA PARA EL 99%

El año pasado, por estas mismas fechas, Oxfam publicaba el informe “Una economía al servicio del
1%”, en el que se denunciaba cómo la desigualdad extrema en el mundo había alcanzando cotas
injustificables, hasta un punto en el que el 1% más rico de la población mundial poseía más riqueza
que el 99% restante. El poder y los privilegios asociados a esta concentración de la riqueza se estaban
utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha de desigualdad, dejando
sin esperanza a cientos de millones de personas pobres.
Un año después, y a pesar de que incluso Barack Obama, en su discurso de despedida en la Asamblea
General de Naciones Unidas en septiembre de 2016, afirmase que: “En un mundo donde el 1%
de la humanidad controla tanta riqueza como el 99% restante nunca será estable”, poco o nada ha
cambiado. En muchos países se consolida la recuperación económica, y en muchos otros vuelve la
recesión, pero sigue siendo una minoría la que saca mayor provecho de la economía. Es necesario
construir un modelo económico alternativo que esté al servicio de la mayoría. Es por ello que el informe
de este año lleva por título “Una economía para el 99%” y en el mismo se desgranan algunos
de los fundamentos y características que tiene que tener una economía que beneficie a la mayoría
y no sólo al 1%. En esta economía alternativa:

UNA ECONOMÍA PARA EL 99%

Los gobiernos deben trabajar para el 99%, y no sólo para una minoría acaudalada y sus grupos de presión.
A nivel global, los gobiernos deben cooperar, y no sólo competir, para evitar la carrera
a la baja de los impuestos y los salarios de los trabajadores y trabajadoras que sólo benefician
a la minoría más rica.
Las empresas deben trabajar para todos, no únicamente para los propietarios y accionistas, y para ello deben pagar salarios justos y dignos.
Las personas más ricas deben contribuir de manera más justa a la sociedad, pagando los impuestos que les corresponden, sin recurrir a los paraísos fiscales ni beneficiarse de privilegios injustos.
La equidad entre hombres y mujeres es clave, las mujeres deben tener las mismas oportunidades y las barreras que existen para su progreso deben ser eliminadas(por ejemplo, las relacionadas
con el acceso a educación y salud).
La tecnología, que tiene un importante potencial para transformar nuestras vidas, se debe aprovechar para el 99% y no para aumentar la desigualdad.
Se tiene que valorar y medir lo que es realmente importante para el progreso de la humanidad, y por tanto, resulta necesario ir más allá de indicadores como el PIB,que no tienen sensibilidad ni
por la redistribución ni por la sostenibilidad ambiental.

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